Me ahogué
en saliva gastada
mientras me rogaba
dejar de pensar,
de recordar,
cómo nos engaña la mente
que hasta nos hacer creer
que el corazón siente,
entre parpadeos y bostezos
y el tic-tac del reloj
se me pasaba la noche,
esta noche,
llena de fotos
imposibles de eliminar,
y canciones
que se escuchan tanto
que se cuelan
hasta en el alma,
y la rompen,
un dolor inexistente
que me invento
para sentir algo,
una opción de alivio,
otra de equilibrio,
yo aprieto
la de peligro.
Qué sentido tiene
la vida,
mi vida,
sin un corazón
en pena,
sin verdades
que envenenan,
sin fantasmas
más bien parecidos
a recuerdos,
sin la cordura
llevándome las manos
a la cintura
y la espalda a la pared,
el revolver a la cabeza
y los ojos
a los pies,
mientras la locura
me grita de dentro
DISPARA,
las balas de los cuerdos
son de goma,
las de los locos
pesan más.
Y si no
mírame a mí,
que las balas
me pesan tanto
que ando siempre
matando gente.
Ellos dicen
que los
salvo.



Replica a Nueva Escritora, Camila Oliva, de Argentina – Letras & Poesía Cancelar la respuesta