A veces basta con sentarte en el alféizar de la ventana y dejar las piernas colgando del edificio. Apoyar la cabeza en la persiana a medio bajar y respirar un poco. Me gusta pensar que las tres de la mañana es una hora mágica. Más aún si la noche huele a lluvia.
Anda, ponte un té. Vamos a hablar de algo. Intentaré andarme con rodeos y dejarlo todo muy poco claro.
Está de moda asumir que vivimos una vida que no queremos, no te asustes. No voy a decirte que la vida son dos días. Ni que aproveches el momento, ni que vivas en el presente y no en un futuro incierto o un pasado imposible. Ni siquiera voy a decirte que cantes, rías, llores y te enfades cuando tengas ganas, porque hay tiempo para todo y lo perfecto tiene tanto lado bueno como malo.
Por descontado, no voy a animarte a que dejes tu trabajo para dedicarte a lo que realmente te apasiona. Posiblemente ni siquiera sabes qué te apasiona. Ni tampoco te diré que pases de esa carrera que empezaste porque “tenía muchas salidas” y te unas al circo o te compres una guitarra.
Solo hazme un favor: siéntate en el alféizar de la ventana de vez en cuando y mira cómo el mundo duerme. Ya te lo dirás todo tú solo.



Deja un comentario