Versos de titanio

Los viejos recelos se han convertido en versos de titanio, implacables ante golpes oxidados. Es extraño como la superación personal puede resultar dulce y satisfactoria, después de haber consumido rabia y exasperación por doquier.

La fuerza del tiempo sobrepasa cualquier intento fallido de conciliación conmigo misma. Mil libros dándome consejos de cómo me debo comportar ante situaciones trágicas, y hasta el momento solo puedo afirmar con seguridad que expresar cada una de las emociones contra la pared vacía que eres, me ha servido para superar cada una de las frustraciones internas que enloquecían a este corazón dañado y hecho pedazos.

Siempre fui más de hablar que de callar; de superar todas y cada una de las dificultades mediante la palabra y la cruda ingenuidad de que sería correspondida. Hasta el día en que me di de bruces contra tu desdén.

Fue entonces cuando se me volvió en contra cualquier propósito de comprenderte; cuando por fin asumí que la indiferencia es la arma de los débiles, aunque por desgracia, también es la más utilizada, hasta el desgaste.

La realidad es que hay que ser valiente para enfrentar los hechos y las sensaciones que estos producen; la verdad es que se tiene que dejar de lado la cobardía y la aprensión que supone terminar un capítulo para empezar otro de nuevo.

Con franqueza, jamás me había considerado valiente. Jamás hasta el momento en que me di cuenta que enfrentarme a tu muro hasta el agotamiento, para luego darle la espalda y largarme con los ojos rojos y el orgullo herido, ha sido lo más trascendente que he hecho por mí en toda mi vida.

Desde entonces el rumbo que tomó mi vida estuvo hecho de tropiezos y heridas, mejillas húmedas y respiración entrecortada. Por entonces, ya te lo digo yo ahora, fue un infierno, un infierno que llevaba tu nombre y tu apellido.

Un tiempo después, la indiferencia ocupó cada fragmento de mi vida para sumirme en una monotonía insípida que me acompañaba a todas horas, era incapaz de sentir en exceso.

Más tarde, cuando adquirí la apacibilidad como un hábito, me enfrenté de nuevo con cada uno de esos recuerdos que, con el paso del tiempo, se habían colocado justo al otro lado de un vidrio graduado con objetividad.

Fue entonces cuando me avergoncé de esas acciones desmesuradas; pero también fue cuando me asaltó el desencanto ante tu cobardía disfrazada de indiferencia. Porque esa es la triste realidad, si un gramo de mi valentía se hubiera colado en tu pavor a enfrentar los sucesos que se dieron y que, para ser sinceros, vistos desde aquí no son tan excepcionales, otro viento hubiera soplado.

Quizás ahora seríamos capaces de mirarnos a los ojos sin una pizca de odio, de remordimiento, o de yo qué sé qué. Quizás ahora podríamos hablar con la naturalidad con la que hablábamos no hace tanto tiempo, porque te recuerdo que existió un antes del todo.

Quizás, si las cosas no hubieran sido como fueron, la situación habría adquirido otra tonalidad y el perdón hubiera sido posible. Quizás una reconciliación, una amistad, una cordialidad.

Quizás algo que no fuera esta nada que aún ahora, de vez en cuando, me produce cierta sensación de hormigueo por dentro.

Por: Núria Dot (España)

nuriaiswriting.wordpress.com


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