Almudena Anés (España) Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía

Entre tu balcón y mi ventana

El viento se ha llevado todas las cuerdas de tender consigo y ya no hay puentes que venzan esta distancia entre dos barandillas oxidadas. Más de una vez, he pensado en alargar mi brazo y tocar el otro lado para saber, con un roce, qué era cruzar el aire y sobrevolar una cercanía infinita que se traduce en una soledad cálida y distinta. Tengo esta ventana, este vidrio acristalado que no engaña a nadie y no me oculta cuando busco detrás de una sábana blanca, cuando intento ver qué hay en el balcón entre maceta y planta.

Existe una canción que habla del cielo y esa manera suya de dividir los extremos de una cuerda o ser el fondo que rellena el espacio entre dos edificios desiertos de Madrid, que casi se acarician sin apenas palparse. El ladrillo es un material tímido y el cemento ya es muy viejo para estos tanteos sin sentido. Una ventana abierta que se convierte en tragaluz y foco, un balcón que llega hasta mi salón y se queda a vivir para siempre. Se siguen regando las flores, pasan las estaciones y la primavera decide mantenerse un poco más en el tiempo, esperando el momento en que la herrumbre desaparezca de nuestras terrazas encontradas en el mismo piso pero en diferente casa.

He pensado mucho en el modo de transcender esta barrera invisible que parte las corrientes y deja las prendas tibias, con el aroma de una ciudad dormida y su gente recorriendo las calles llenas de botellas rotas, vasos de plástico y restos de birra. No he llegado todavía a ninguna conclusión, esta zona de seguridad me salva de llamar con un nombre a lo que se desconoce. Quiero atravesar estos muros etéreos y quedarme a pasar la tarde tumbada en tu sofá mientras el atardecer va cayendo y cierra todas las puertas, y corre todas las cortinas.

He tirado muchas pinzas para prolongar el acto inocente de colgar la ropa después de pasar por la lavadora para congelar el tiempo y que no nos venciera la arena ni el peso de estos atuendos empapados que se confunden y se enredan, sobre todo en verano, y que podrían formar una cadena desde tu balcón a mi ventana. Unos grilletes de tela que aúnen esta longitud con su latitud y pongan del revés el mapa. Dicen que los suelos también pueden ser techos, y viceversa. Yo me pregunto si este vacío también puede ser superficie porque sería muy bonito poder caminar sobre el oxígeno y llegar a tocar los cuadros de tus paredes, ponerlos torcidos dado que están todos en orden, ofrecer mi caos a tu equilibro.

Todo se reduce al mismo problema, a un cálculo fallido de distancias o a una agencia inmobiliaria que nos puso cerca pero no lo suficiente. No me importa solo verte, me conformo con muy poco y siempre he sido de las que “corra el aire”. No me preocupa si te vas y ya no vuelves, si vienes y no estoy, si pulsas mi timbre alguna vez y no te oigo. Solamente quiero que comprendas esto, este abismo del tamaño de mi brazo extendido y estas ganas de romper lo establecido.

Entre tú y yo, sigue sonando la misma canción de radio, la que inunda el patio y calla todas las conversaciones…

Porque entre tu balcón y mi ventana, hay un trocito de cielo.

Por: Almudena Anés (España)

historiasdel98porunadel13.wordpress.com

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