Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Núria Dot (España) Reflexiones

De acero inexorable

La desconfianza recorre su cuerpo, cualquier rastro de fortaleza se desvanece cada vez que un extraño se le planta delante y la mira a los ojos, repletos de miedo y recelo.

Se cuida desmesuradamente el corazón; ese mismo corazón que no hace tanto perdió la fuerza de los latidos, el que descansa tranquilo acomodado en un recoveco, envuelto en blandos almohadones, protegido detrás de rejas de acero empapadas de desilusión y aflicción. De vez en cuando, antes de que apareciese ese extraño velo de oscuridad que ahora la rodea, se atrevía a sacarlo a pasear por esos rincones en los que había sido feliz.

Las cicatrices brillaban al sol y las heridas parecían más vivas que nunca, aún no habían dejado de sangrar. El tiempo no le permitía el placer de curarse, seguía viviendo al ritmo constante de un corazón indispuesto a vivir, demasiado asustado para dejar que nuevas sensaciones lo mecieran de nuevo.

De vez en cuando, se tumbaba en el suelo y dejaba que la hierba le acariciara la espalda, reposaba con la tierra húmeda empapándole el cabello oscuro, y los ojos fijos en el mismo sol que la había visto reírse a carcajadas, el que ahora contemplaba pesadamente como las lágrimas le resbalaban por las mejillas entumecidas por el dolor.

Las sorpresas más inesperadas le provocaban un suave rictus en los labios; las alegrías más asombrosas la hacían encogerse de hombros. Hace mucho tiempo ya que los sentimientos no invaden este cuerpo hecho de desengaños y frustraciones varias.

De vez en cuando me arriesgo a acariciarle la piel de porcelana, solo para asegurarme de que la calidez no ha abandonado este cuerpo que desprende hielo incluso en los días más especiales.

De vez en cuando oso preguntarle cómo está, aunque sé que una respuesta esquiva va a salir de sus labios, para luego desviar el tema a algo trivial que no afecte a sus sentimientos de acero inexorable.

Últimamente escribo mucho sobre ella, me pregunto cuándo volverá a ser la misma; si algún día su sonrisa volverá a llenarme la vida, si por casualidades del destino, algún día se abrirá esa compuerta que ha construido en su alma para impedir que mis letras puedan acariciarla.

Últimamente tiendo a pensar más y a escribir menos, relato en mi mente cada uno de sus días, olvidando plasmarlos en el papel; últimamente recuerdo ese pasado con las ansías de quien ve una película que lleva mucho tiempo esperando, quizás es el cambio de perspectiva, quizás las nuevas preocupaciones y los nuevos objetivos.

No lo sé, solo sé que desde que ella ha dejado de sonreír con frecuencia, mis versos suenan a esa canción de la que creía haber olvidado la letra.

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4 comentarios

  1. Maravilloso. La melancolía, el estado mental que todo bondadoso puede padecer en algún momento de su vida; pero para nada hay que tratar a la melancolía con desprecio, hemos de verla como nuestra aliada a la trampa del odio; siendo melancólicos esperamos volver a ser como antes, invertimos energía en ello; viviendo de odio, nos destruimos a nosotros mismos. Gracias a la melancolía apreciamos mas lo que hemos sido que lo que podríamos llegar a convertirnos, y esa la virtud de esta: salvarnos de nuestra propia destrucción.

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