Y van trece.
El instante fue oscuro, pero la luz se iba haciendo un hueco, tímida, firme.
Un amigo, un café y una sorpresa.
Así llegaste, por arte de volante,
y mi estómago fue invadido por un revoloteo
que me preñó de un futuro lejos, apasionante.
Has osado a surcar mares tempestuosos junto y por mí,
dando todo lo que tus manos poseían.
Haciendo uso de una paciencia infinita de la que ni tú mismo intuías tener.
Deseo y anhelo que ese número de la mala suerte,
siga sumando alegrías, restando ansiedades y aniquilando miedos.
Gracias por ser mi compañero a pesar de.
Queda menos para llegar a la meta y espero hacerlo a tu lado.
Cuando pienso que las piezas no encajan,
vas tú y te acurrucas en el hueco de mi espalda
y entonces…
….vuelve a amanecer.



Replica a pippobunorrotri Cancelar la respuesta