Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Víctor Chamizo Sánchez (España)

Él estaba allí

Él estaba allí, en un ángulo de la sala que lo sumía en una oscuridad incómoda y protectora, al mismo tiempo. Familiares y amigos ocupaban las sillas que se habían dispuesto para el acto. El féretro yacía sobre una cinta transportadora que llevaría a Luis a metamorfosearse en cenizas.

Nadie lo miró. Sintió alivio por ello, mientras unas lágrimas incontenibles e incontenidas resbalaban por sus mejillas. El hondo silencio le taladraba el cerebro. Algunas toses, el movimiento de acomodo en las sillas, carraspeos lo interrumpían de vez en cuando.

Chirriaron las patas de una silla al desplazarse sobre el suelo. Luego unos pasos se dirigieron hacia una especie de estrado donde se había dispuesto un atril, resonando en la estancia casi como aldabonazos.

El sonido del micrófono, al tratar de acomodarlo a la altura del encargado de dirigir las palabras de despedida, inundó el recinto. Una voz grave, triste, circunspecta, narró, de forma sucinta, la historia de Luis. Una vida corta, pero intensa, dijo. Una vida de compromiso y de lucha.  Una vida de dedicación a la causa, y una muerte indigna, fueron palabras que se arrastraron a lo largo de los muros y del techo abovedado y que llegaron hasta sus oídos para recrear imágenes de un pasado no tan lejano, compartiendo ideas en algún rincón de una cafetería, planificando estrategias en una habitación, disfrutando de la música en algún concierto, viajando en un tren hacia algún lugar remoto, durmiendo juntos en una tienda de campaña…

Ahora todo había terminado, pensaba, mientras la voz del que hablaba había sido sustituida por la música envolvente del chelo de Pau Casals interpretando A l’enterramen d’un nin. No se habían producido aplausos.

Había albergado muchas dudas, pero, al fin, había decidido acudir. Fue un error haberse dejado aquella nota en el bar. Fue otro error haber huido cuando el grupo de fascistas con la cara tapada los agredió. Tuvo que haberse quedado. Tuvo que haberles hecho frente junto a él, pasase lo que pasase. Una cobardía, una traición con la que cargaría el resto de su vida. Le odiarían todos: los amigos, la familia, los compañeros… Sería una pesada mochila que transportaría hasta el final de sus días, meditaba, al tiempo que un torrente de lágrimas se precipitaba desde sus ojos. Mientras, el breve acto había concluido. Alzó la vista, y su mirada se cruzó con la de la madre de Luis cuando abandonaba la sordidez del recinto, los ojos inflamados, el rostro contraído, los labios resecos, la mirada vacía. Ella se detuvo. Y luego se dirigió hacia él. Notó que su cuerpo se estremecía de pronto, como si todo el peso del mundo le cayese encima de golpe.

Cuando quiso darse cuenta sintió unos brazos alrededor de su cuello y un cálido beso en la humedad de sus mejillas.

mamenmonsoriu (1)

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