Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Tony Franco (España)

Al Perro Mejor Lo Incineramos

La búsqueda de elsueñodemividasimividafueraunsueño no obtuvo ningún resultado.

Google.

Ahí la tenéis. Sofía. 25. No nació con esa nariz.

Si os parece ausente es porque está pensando qué ponerse hoy. Si gris con negro. O negro con gris.

Tiene un perro al que le pareció gracioso llamar Belcebú. Más feo que el epicentro de un tornado.

Sofía fuma como si su cuerpo de urbanita escuchimizada fuese a soportarlo para siempre. 55 kilos de carne para Pilates.

Por compensar, es vegana.

No dice que es feliz (claro, cómo va a decirlo, es vegana). Dice que le va guay. Y los viernes, después del tercer Malibú con piña, todavía mejor.

Le dio por ir de gótica una temporada. Le duró poco. Justo hasta que su padre le preguntó si lo hacía por ir en su contra. Que, si era por eso, cometía un error. Que él llegó primero, allá por el segundo disco de The Cure. Que si había probado alguna vez la sangre de una cabra. Y que si sabía que en la reunión semestral con sus amigos solo hablaban de Heidegger, de Joy Division y del cansancio de vivir.

Últimamente, Sofía dice mucho “bestial”. Todo es bestial. Ese vestido es bestial. Esa canción es bestial. El agujero en sus pantalones es bestial. Reír es bestial. Llorar es bestial. Que su amiga Cuca sea una adventista del séptimo día es algo de lo más bestial.

¿Y esa? Esa es Paula. 25 y medio. @LadyLux.

Paula ha visto dos veces Breaking Bad. Es como Reese Witherspoon pero más llenita y más borde. Y sí. Esas dos son suyas. No son operadas.

Una bala sale de un Kaláshnikov a la misma velocidad que Paula escupe un hueso de aceituna.

En el colegio las monjas le tiraban tizas a la cabeza. Por díscola, por Barrabás.

Si le hablas te insulta. Si le sonríes te insulta. Si la insultas te insulta. Si la matas te insulta. Si le haces la pedicura, un Bloody Mary, le compras gominolas gigantes y le regalas un rubí, te insulta. Si, a cierta distancia, le lanzas chocolate, no te insulta. Eso parece que funciona. Pero no esperes que te lo devuelva.

Como todo tiene un equilibrio en esta vida, este verano la mordió un cangrejo en Puerto Rico. Y no me extraña. El color de su bikini lo iba pidiendo a gritos.

Su padre la llama Ratón. No rata, ratón.

Su madre Faraona. Y a mí se me ocurre Nenúfar. ¿Y yo qué sé por qué? Esto es literatura, no ciencia.

Ropa de marca, Fiat 500 aniversario, maquillaje a paletadas, del Atleti para molestar. En fin, Paula. Ayer soñó que el mundo se acababa arrollado por un tsunami de vodka. En la cresta de la enorme ola surfeaba Iggy Pop.

¿Sabéis quién es Iggy, no millennials?

Nada más salir del colegio de monjas, Sofía se hizo un piercing en el ombligo. La acompañó Paula, que, ese mismo día, se hizo su primer tatoo “tribal”. Como si eso de las tribus fuera con ella, que no es capaz ni de comerse los bordes de una pizza. Vamos, que se parece Paulita a un aborigen lo que Mazinger Z a un lichy rosa.

¿Sabéis quién es Mazinger Z, no millennials?

A saber por qué, Sofía decidió que lo suyo era la Psicopedagogía. Mientras que Paula, por tradición familiar y por pereza, eligió Derecho.

Y aquí es cuando yo os pregunto algo —facilito, tipo-test— para comprobar si, hasta ahora, os habéis ido enterando de qué va la cosa. ¿Creéis que fueron a una universidad pública o a una privada y carísima que acababa de aterrizar en las afueras de Madrid? Marcad con una x:

[] Una pública.

[] Una privada y carísima en las afueras de Madrid.

Cierto verano demoledor, de barbacoa en el chalet de la sierra, Sofía conoció a Martín. Uno de esos modernos que todavía no han superado a los Strokes, ni los flequillos indómitos, ni las gafas de pasta sin graduación. Era tan alambicada la profundidad de este individuo, tan milimétrica su pose, que él mismo terminó por darse cuenta de lo inútil de ser profundo cuando te vas a morir de todos modos y a tu cerebro de cocainómano le queda menos de una década para tener el aspecto de una esponja. Pero esa tarde de barbacoa, justo esa, hay que reconocer que estuvo lúcido el chaval.

—Trae tus apuntes de la carrera —exigió a Sofía—. Cuando acabemos con los chorizos eso es lo que vamos a quemar.

Y a Sofía esto la descolocó y, a la vez, la enamoró.

Esa tarde quemaron los apuntes de Psicopedagogía y, de propina, el Emilio de Rousseau. Repito, estuvo muy grande el tal Martín. Y lamento no haber estado allí, y que la idea no se me ocurriera a mí primero. Es difícil encontrar material que merezca más la hoguera.

Dos novios más tarde, Sofía caería en una profunda crisis existencial. Repasó los trances de su vida y concluyó que lo único que había encontrado durante los últimos años era WiFi gratis, copas caras y postureo correspondido.

Se ha suicidado varias veces, pero solo en el Tumblr. Nunca estuvo lo bastante borracha o fumada para, al menos, arrimarse un soplete a las cejas.

Pero ¿por qué se sentía tan mal? ¿Por qué en el maldito Occidente uno no puede ser lo que realmente es? Un encanto, una sobrina, un imbécil, un culopollo. ¿Por qué todo el mundo es lo que hace? Una psicopedagoga, un centrocampista, una beautyblogger, un sicario…

Hace una semana, para rematar su crisis, voy y me cruzo yo en su vida. Y atropello con mi coche a su birria de perro, más feo que Lucifer a punto de estornudar.

—Vaya. Lo siento mucho —le dije impávido—. ¿Cómo se te ocurre cruzar así la calle?

—¡Pero esto es “bestial”! ¿Qué has hecho, degenerado? ¡Mi perrito!

Lo de “bestial” me despistó un poco. Dudé unos segundos. ¿El atropello le parecía bien o mal? Luego traté de consolarla. Y procurar que se alejara del bulto inerte sobre el asfalto.

Por su manera de actuar en ese momento, supe que mi vida corría peligro, así que le prometí que la compensaría por lo del perro. Y ¿cómo? Adivinad.

Le dije que escribiría una historia en este blog, que la leería mucha gente. Que hablaría de ella y de sus amigos. En compensación.

Y aquí está, promesa cumplida. Hola, Sofía. Hola, Paula. Sé que estáis otra vez en Puerto Rico. Cuidado con los cangrejos.

También sé que, antes de viajar, tu padre te consultó algo un poco desagradable, Sofía.

—Oye, Sofi, nena, que digo yo que… al perro mejor lo incineramos, ¿no?

Te pido otra vez disculpas por atropellar a tu bulldog. Mira que, además, tener que quemarlo…, como si fueran los apuntes de tu carrera. Pero no desesperes. Ten en cuenta que, llamándose Belcebú, le va mucho eso del fuego.

Igual que al Malibú le va la piña.

O al Tumblr los suicidios.

Igual que a un chucho asqueroso, y feo como el Ragnarök, le va genial una rueda de coche por encima.

¿O no?

  (103).pngmamenmonsoriu (18)

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