No sabes cómo es,
tan sólo la imaginas.
Tu mente ha construido
su figura y tú la reconoces
igual que reconoces
el aliento frío
de las madrugadas,
cuando cruzas el umbral
adormecido
que te deja en mitad de la alborada.
No sabes cómo es,
tan sólo la imaginas.
Alguien escribió una vez
una canción que retrataba
sus ojos y su pelo,
la forma de su cara.
Alguien susurró una vez
en el recogido mundo de las cárceles,
en los recónditos lugares del exilio
y del destierro
una palabra.
No sabes cómo es,
tan sólo la imaginas.
Pero ya tienes un nombre
y eres capaz de amarla.
Te han dicho, te han contado,
en la penumbra sorda de los bares
y en los oscuros rincones
de los callejones
que siempre han querido matarla.
No sabes cómo es,
tan sólo la imaginas.
Creíste verla un día
en un puño cerrado,
o en el serpentear al viento
del color de una bandera.
No sabes cómo es,
tan sólo la imaginas.
No sabes cómo es,
pero la esperas.
No sabes cómo es,
pero sabes
que no vas a cesar
de perseguirla,
hasta dar con ella.



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