Despojada de toda prudencia,
perdida en el verbo de tu estampa
muevese mi alma entonces,
al torrente de pasión.
Bañado en sentimientos osados
está el tintero que amenaza
un poema sin razón.
Con el sol que seduce al ocaso de tus ojos,
cae rendida la letra,
está que sumisa se entrega al delirio de tus besos,
a la terneza de un encuentro que aún espero.
Contengo el amor…
Besaré entones cada parte de ti,
hasta que mi nombre empape tu boca,
y tus manos destilen de mi esencia
las mieles que me empapan.
Contengo tu nombre…
Y el llanto aparece,
tras la cortina de mis versos
sollozantes,
que mueren de ti.


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