Participas sabiéndote vencedor
compites por algo que es tuyo
desde el momento en que han pronunciado tu nombre
y ha resonado en cada altavoz.
No hay eco fuera de mi cabeza,
no hay mar alejado de este océano.
Si te guía la pena,
qué es lo que buscas entre el humo
qué es lo que encuentras en la arena.
Hago preguntas
que respondo con más preguntas
y nadie grita respuesta
a por qué sonrío al soñar situaciones irreales,
a por qué por mucha vuelta que dé
siempre encuentro la rotonda que me desvía
a tu risa.
Eres capaz de lo que no tienes consciencia
y me revienta el verte
desmontarte a trozos
si no se gira ante tus ojos
porque no te das cuenta de que la mismísima Luna
vencería al Sol para darte los buenos días,
colarse en tu ventana
cuando suena esa canción hablando de meterse en tu colchón
y no salir
hasta haber perdido el fundamento y la razón,
una vez intercambiados sentido y corazón
y el dinamómetro de ganas
marcando el cero
frente al gesto oblicuo de abandonar las sábanas.
Y los pies fríos ante el hueco no lejano,
porque ambos sabemos
que las palabras te asfixian
y necesitas ese oxígeno como yo la poesía
y nunca quise agarrarte
a pesar del vacío que supondría tu espacio.
Estoy contra las cuerdas
de esa guitarra rota,
del violín desafinado,
del piano incesante que suena
arrancándome odas tristes
como una metáfora a cuando me quitabas el vestido a trozos.
Ni tú eres de jaulas
ni yo de pájaros,
no te gusta la no actividad
ni a mí la retención.
Seguirás volando de la mano con la niebla,
batallando a fuerza y verso
cada injusticia que se nos imponga,
sin más destino que tú mismo.
Algún día cruzaremos las caderas
de nuevo,
me verás romperme los dientes
a latidos
y volveré a besarte los huesos
los besos que te hagan falta.



Replica a luciamelz Cancelar la respuesta