Escritores de Letras & Poesía Isa Serrato (México) Opinión

¿Por qué odiamos el feminismo?: Desmintiendo los mitos anti-feministas más comunes.

Simpatices o no con el feminismo estarás de acuerdo conmigo en que el movimiento ha perdido credibilidad en los últimos años. Algunos tantos coinciden en que extravió la seriedad que lo caracterizó en sus inicios y en su segunda ola en el siglo XX. Aparentemente mutó de una Simone de Beauvoir que teorizaba sobre la «mujer» como concepto y constructo social, buscando reivindicarla desde la identidad que ella decidiera vestir, a una Emily McCombs que invita a «unirnos para matar a todos los hombres». Que ha existido una radicalización y vicio del feminismo es innegable, pero que ha sido gracias a conductas hembristas que insisten en etiquetarse como feminismo también es indiscutible. Es momento de dar un paso atrás y cuestionarnos si los medios de opinión sesgada, el propio machismo que perdura e inclusive nuestra atención selectiva, han contribuido a formarnos una opinión errónea y hasta malintencionada de lo que es en realidad o intenta ser el verdadero feminismo.

Me di a la tarea de enlistar los mitos más comunes que envuelven al anti-feminismo, dialogando con mis conocidos y no tan conocidos. Para hacer esta opinión mucho más amable y concisa, el resto del texto está dividido por mitos y sus antítesis, con el propósito de que me acompañes a desmembrar las mentiras que le tienen miedo a la equidad de poco en poco.

 

Mito #1: El feminismo NO busca el beneficio masculino.

Este mito se llega a desfigurar hasta tomar la forma de juicios similares que aseguran que el feminismo busca limitar los derechos masculinos o que sólo ambiciona el beneficio femenino. Este imaginario colectivo moderno tiene origen en la desinformación que ha distorsionado el que se entiende como el objetivo primo del feminismo y también, evidentemente, en las pocas ganas que tenemos de informarnos apropiadamente.

Si queremos ser técnicos, algunas de las definiciones más breves y actualizadas del feminismo, sin ahondar en autores específicos, son las siguientes:

«m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre» (Real Academia Española, 2017)

«the theory of the political, economic, and social equality of sexes» (Merriam-Webster Dictionary, 2018)

En esta publicación, no profundizaré por hoy en los problemas teóricos que implica seguir hablando de igualdad y no de equidad, pero sí señalaré, como acabas de notar, que la definición actual y breve del feminismo, persigue el posicionamiento de ambos sexos en un plano de consonancia jurídica, política, social, y económica. Buscamos reconocer que ambos sexos tienen problemas únicos en su especie, que la mujer no es la única lidiando con los inconvenientes propios de su género en la cultura y que el feminismo desde siempre ha intentado ser esa plataforma de lucha ecuánime. Es normal que dudes en cierta medida de lo que te estoy diciendo porque es cierto que el feminismo en sus inicios se concentró en resolver los obstáculos más serios y notorios de desigualdad que sufrían las mujeres, pero esto sucedió precisamente porque la brecha de desigualdad entre la mujer respecto al hombre era significativamente más grande que ahora. En la actualidad hemos logrado resanar la grieta que separa ambos sexos en ciertos resquicios. Los problemas propios del género masculino son más evidentes ahora, y claro que tienen toda nuestra atención. Y si me lo permites, haré de tu conocimiento en los próximos párrafos un poco de lo mucho que están haciendo los feministas por los hombres.

Ignoremos por un momento el feminismo barato, ese que encontramos en las notas de los medios de comunicación con opinión sesgada que te quieren hacer creer que el feminismo del siglo XXI son mujeres llamando al asesinato colectivo de hombres. Ahora, déjame contarte que hay una variante renovada e incluyente del feminismo que se llama «ifeminism» o «individualist feminism» y que debería ser el movimiento por el que reconozcamos y recordemos la tercera ola del feminismo. El ifeminismo es un término que acuñó Wendy McElroy, activista y escritora canadiense en los últimos años. El movimiento se sostiene, entre muchos otros pilares, en la certeza de que la misandria –el odio irracional e injustificado hacia los hombres– y otras expresiones del feminismo revanchista entorpecen la equidad de género, así como en la convicción de que la discriminación positiva –que se entiende como el conjunto de políticas y acciones que buscan beneficiar a minorías por el sólo hecho de ser minorías y con el propósito de intentar crear un escenario de aparente igualdad– sólo terminan propiciando un ambiente de injusticia. De igual modo, McElroy emparenta el feminismo individualista con el «masculinismo», un nuevo término que surge en el siglo XX y que pretende encontrar un espacio de oportunidad para la defensa de los derechos masculinos que olvidó buscar el feminismo revanchista, acogiéndolo bajo el manto de la teoría y lucha ifeminista.

Algunas de las figuras ifeministas más conocidas son la misma Wendy McElroy, Christina Sommers y Roderick T. Long –sí, es hombre y sí, es feminista–. En un plano más práctico, el activismo de Wendy se ha destacado porque demanda reconocer que la violencia doméstica no es un problema propio del género femenino, sino que busca concientizar sobre la gran cantidad de hombres que sufre violencia doméstica del modo más literal posible y que a la sociedad le cuesta reconocer. Por otro lado, el trabajo de Christina se ha caracterizado por desmentir fervientemente el imaginario colectivo que cree que el feminismo repudia al género masculino, siendo que la verdadera guerra es contra el «boys-will-be-boys» y otros constructos culturales que la sociedad ha transformado en verdaderos problemas de género. En cuanto a Roderick, su labor ifeminista se ha encauzado principalmente a defender el movimiento como uno libertario, donde las instituciones no representan los intereses de cada género ni protegen sus derechos. Basta con que pienses en casos como en el de «la manada», donde la jurisdicción no le dio el ancho a la víctima –y mujer–, otorgándole una pena mediocre a los victimarios que la violaron en grupo; o que pienses en la cantidad de padres de familia que merecían la custodia legal de sus hijos tras un divorcio pero que no la obtuvieron porque el sistema jurídico evidentemente tiene una preferencia por concederle la custodia de los niños a las madres. Basta que pienses en estos casos para que te des cuenta de la cantidad de propósito que tiene el trabajo de Roderick –y de paso, también el de las demás ifeministas–, y que te des cuenta también, después de todo lo que te he contado, de que el feminismo de hoy de verdad busca beneficiar tanto a mujeres como a hombres, reconociendo sus diferencias en todos los planos y construyendo un ambiente con auténtica equidad de género.

 

Mito #2: El feminismo promueve el odio hacia los hombres.

Este mito acoge otros prejuicios, como el que opina que las feministas dogmatizan el que todos los hombres sean machos o malos por lo que son supuestamente dignos del odio feminista. Si me leíste hasta aquí, recordarás que más arriba te comenté y demostré que el feminismo en teoría y concepto no tiene el objetivo de fundar ni difundir ningún tipo de odio hacia el género masculino, pero, entonces ¿de dónde nacen estas ideas? La verdad, en esta todos tenemos un poco de culpa, no hay otra razón más que la atención selectiva y las pocas ganas que tenemos de informarnos apropiadamente.

El movimiento hembrista –que es el análogo a la corriente machista– ha buscado resguardarse bajo el abrigo de la etiqueta feminista y tanto los medios de comunicación como nosotros mismos, hemos contribuido a que se haya permitido esto. Probablemente, con intención de sumar seriedad a sus acciones misandrias, las mujeres hembristas le atribuyen su ridiculez radical al feminismo. De igual modo, los medios de divulgación no hacen nada por desmentir sus atribuciones infundadas, tal vez por el sensacionalismo inherente que se encuentra al desprestigiar movimientos sociales. Y así mismo, nosotros terminamos creyéndoles porque no usamos nuestro tamiz informativo para filtrar y juzgar este tipo específico de primicias.

El hembrismo no es feminismo y por favor,  que a todos nos quede muy claro. Entender lo contrario es tan peligroso como pensar el nazismo del Tercer Reich alemán, como el intento de «purificación» germana del siglo pasado, cuando en la actualidad casi nadie dudaría de encasillarlo como un movimiento persecutorio, de represión o hasta genocida. Entender lo contario, es también tan absurdo como querer encontrar mermelada en un envase etiquetado como mayonesa –sí, hablo en serio–. El hembrismo sencillamente no es feminismo.

 

Mito #3: El feminismo NO tiene un nombre incluyente.

¿Por qué no llamarlo «igualitarismo»?, ¿Y qué hay del «humanismo»? Son algunas de las preguntas que más veces he recibido a lo largo de mi pequeña trayectoria feminista.

Empecemos con el igualitarismo –sí, ya sé que dije arriba que no iba a platicarte de igualdad, lo siento–. Esta corriente propone en concepto que todos los seres humanos seamos iguales en la jurisdicción, la política, la economía y la sociedad. A simple vista, esta filosofía puede parecer ideal y hasta justa, pero tiene bastantes problemas que muchos otros autores y críticos del movimiento ya han señalado. Cuando hablamos de igualdad –y no de equidad–, lo hacemos inevitablemente en el sentido más literal. Imaginemos que hay un programa de asistencialismo para discapacitados en tu país –el que sea– y que están regalando sillas de ruedas. Para el igualitarismo, lo aparentemente justo, sería que este programa regalara sillas de ruedas indiscriminadamente, para ti y absolutamente todos, aunque no las necesiten y no tengan capacidades diferentes. ¿Ya me vas entendiendo? Cuando conversamos de igualdad, no consideramos las diferencias biológicas, culturales, ni de ningún tipo, entre los seres humanos, a diferencia de la equidad.

Continuemos con el humanismo. Esta corriente concisamente se centra en la valoración del ser humano por su propia condición de ser y ser humano. Hasta donde conozco, el humanismo no se ha preocupado por reconocer los problemas propios de género de ambos sexos, sino que muchas veces ha pasado lo contrario. Grandes personajes y comunidades humanistas no han representado los intereses femeninos ni defendido sus derechos a lo largo de la historia. Por ejemplo, Pierre de Coubertin, pedagogo e historiador francés del siglo XIX, se le reconoce por ser un gran humanista, ya que fue él quien fundó los Juegos Olímpicos modernos como los conocemos. A pesar de empezar a unir pueblos adversarios y continentes distantes a través de los deportes olímpicos, él mismo pecó de simpatizar con pensamientos misóginos que se evidenciaron inevitablemente en la fundación de su evento magno. No olvidemos que los primeros Juegos Olímpicos se jugaron sin mujeres porque justamente Pierre lo consideraba nulamente interesante, antiestético y hasta incorrecto. Otro ejemplo es la comunidad masónica que desde siempre se ha jactado de ser humanista, incluyente y pacífica,   empero en sus estatutos rehusaban la participación de mujeres.

Ni el igualitarismo ni el humanismo. No le dan ancho en concepto ni en propósito a la lucha por la equidad de género. Pero entonces tú puedes fácilmente preguntarme ¿por qué no llamarlo simplemente «equidad»? Bueno, eso es muy sencillo; la equidad es el objetivo del movimiento, no el movimiento en sí mismo. Necesitamos un término para referirnos al movimiento que cubre la filosofía y teoría de la equidad de género, y por su historia y propósito –como te lo he expuesto anteriormente– me parece que el feminismo, específicamente el feminismo individualista, nos hace justicia. De igual modo, creo que hace sentido lingüísticamente. –Antes de proseguir con este último argumento, me gustaría comentarte que no soy lingüista ni este es mi fuerte, pero que creo que hay un razonamiento coherente detrás de lo que estoy por exponerte–. Por alguna extraña razón, nos parece inadmisible pensar en usar lenguaje de género porque, como ya lo han señalado muchos otros autores antes que yo, pareciera que la lengua –al menos en lo que al español refiere– insiste en caer accidentalmente en el sexismo. Al referirse al plural de los pronombres en masculino –ellos, nosotros, ustedes– o al englobar las variantes masculino y femenino de ciertos títulos en el masculino –como sucede con piloto, médico, etc–. Sin embargo, nos parece totalmente admisible demandar un término lingüísticamente incluyente para tildar el movimiento que persigue la equidad. Con un lenguaje que cae incidentalmente en el sexismo ¿no haría sentido, al menos lingüísticamente, el que el movimiento estandarte de la equidad de género se llame justamente «feminismo» para hacerle frente a las injusticias del lenguaje? Sin olvidar que evidentemente, el termino «feminismo» es en masculino –no puedo evitar reírme por semejante ironía intencionada–.

 

Si me leíste hasta el final, no puedo más que estar profundamente agradecida contigo e invitarte a informarnos más la próxima vez, a no fraccionar nuestra atención y a re-apropiarnos del feminismo, para hacer de él un verdadero movimiento incluyente, donde juntos –hombres y mujeres– velemos por los problemas de género propios de ambos sexos, ambicionando la equidad hombro a hombro.

 

 

*Foto de HeForShe Official Account en Flickr.

«Emma Watson | HeForShe Second Year Anniversary Remarks

New York, NY (September 20, 2016) – On the sidelines of the 71st United Nations General Assembly, world leaders, activists, change-makers and celebrities recommitted to fast-tracking gender equality at UN Women’s HeForShe second anniversary event.»

 

6b (10)

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8 comentarios

  1. Hola!!!! antes que nada, GRACIAS ❤
    Ahora sí… hay taaaaanta gente confundida acerca del feminismo, realmente pareciera que el 70% de las personas (por lo menos en mi entorno) no se paran 5 minutos a buscar realmente lo que es el feminismo, simplemente repiten y arrastran (mal) ese sentido feminazista que busca la muerte al pene. Considero que es de suma importancia propagar este tipo de mensajes y aclarar la mente de esos que creen que el feminismo busca anteponer a las mujeres antes que los hombres, lo dejas bien bien bien clarito y te agradezco muchísimo primero porque siento que es importante contar lo que uno piensa y aún mas si sirve para "educar" o "direccionar". Lo que me pone un poco nerviosa es que se desvaríe tanto el feminismo, que se transforme y termine motivando a muchas mujeres a actuar por sobre los hombres… me da un poco de miedo… Sobre todo porque no logro entender cómo hay personas que no se dan cuenta de lo simple y beneficioso que es apoyar la equidad y ser consciente de que no, no somos todos iguales y sí, todos tenemos el mismo derecho desde que nacemos, como humanidad nos encasillamos y condicionamos día a día… y aportamos a un sistema muy poco funcional… pero ya me voy de tema con eso jajajaj
    Apoyo tu moción, no dejes de compartir tus palabras ❤

    Le gusta a 3 personas

    1. Muchas gracias a ti. 🙂 Una de mis principales motivaciones para compartir mis letras es imaginar que puedo tocar a alguien con mis palabras sin importar la distancia y me hace muy feliz que lo hayan hecho contigo. Por favor, acompáñame a seguir informando a la comunidad y a luchar por la equidad en nombre del feminismo. Un abrazo desde México. 🙂

      Le gusta a 2 personas

  2. El movimiento se ha transformado (y ciertamente desvirtuado) en la consciencia social por las actitudes hembristas y por el exceso de información incorrecta e irresponsablemente etiquetada como feminista en muchos medios. Es genial ver que con determinación y voluntad es posible encontrar el verdadero sentido de un movimiento que en verdad busca hacer que nuestro espacio en el mundo de verdad sea mejor. ¡Gran trabajo!
    Disfruté mucho y aprendí con tu artículo, gracias.

    Le gusta a 2 personas

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