La verdad es que estoy harta de hablar de mí, de hablar de ti, de hablar de mí y de ti. Vamos a hablar de ellos a ver si se me pasa un poco la amargura. Viéndolos a ellos reír y gozar de la vida, ¿por qué sentir empatía solo cuando les pasa algo malo? Si ellos lloran, se me parte el alma en un millón de pedazos, y sí, créanme, los cuento, porque soy una persona obsesiva, contigo más que con otra cosa pero, sí; y cada vez que te pensaba con otra un pedazo caía. Y bueno, pues la cuenta va más o menos por ahí. Entonces, lloro, con el dolor de mil almas en pena, mas si ríen, ¡oh, si ríen! Si ríen, río, pero no lo siento, es contagiosa pero no real, es como tú y tu cariño hacia mí, si es que se le puede llamar así.
Y te extraño, y te siento muriéndote en mis brazos. Quisiera volver a empezar, hacer las cosas diferentes, o tal vez iguales, ¡quién sabe! Definitivamente, no yo. Y esto no iba a ser de ti ni de mí, pero como siempre, todos los caminos llevan a Roma y tú, tú eres la mía.


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