Entonces sopló el viento
y cogí su aire.
Llené mis pulmones de fuerza
y salí a bailar.
Bailé con la pena ligera en mi copa
sudándola entre la gente,
y con la rabia en mi bolsillo encerrada
me pintaba los labios.
Crónica de una muerte anunciada.
Recuerdo los tacones con los que
pisé el adiós,
la decepción con la que me
hice una trenza
y el miedo con el
que recogí el corazón
de tus manos y lo volví
a colocar en mi pecho.
Noches de castigo e insomnio,
de maldecir a mis infinitivos perfectos
—debería haber marchado antes—
y no… pero el pasado con perspectiva
es solo como un día malo.
Ya,
miro al pasado en presente
y con todo futuro por delante,
dejando atrás todo pretérito
(im)perfecto contigo,
y me juego la vida
a unas cartas del todo
sin ti.
Ahora que el mundo
se ha puesto a mis pies,
y que mi gerundio perfecto
es soñando en otra cama,
se llenan mis tiempos verbales
conjugados de un único modo,
tú.



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