Misterioso Universo,
que azotas y alzas conocimiento en vejez,
hazles ver lo poco que sé a los humanos
que del cielo no entienden sus réplicas.
Háblales de ti,
que ya me canso de ser yo la que cedo,
imaginando que hay esperanzas sutiles,
que no naufragan al común de los mortales.
Déjales calma,
la misma que trasciende el misticismo,
el equilibrio de Apolo entre Dionisos,
y la humildad de un narcisismo escuálido.
Arráncales, Universo,
de todo el peso material que no conviene,
resume los límites de espacio y tiempo,
para que no recuerden de dónde vienen.



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