El andar de una vela,
llama con fuerza,
el estar de una estrella.
El fuego la consume,
un tóxico dulcedumbre
que aniquila su último respiro.
El andar de una vela
roza con sutileza
el estar de una pena.
El fuego la destruye,
un suplicio salumbre
que mitiga su último latido.
El andar de una vela,
sin rumbo, sin humo,
fallece en un segundo.


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