La sonrisa que dibujas en tu cara esconde en los ojos un mar de tristeza que inunda, poco a poco, toda esperanza que anega los restos de una vida muerta. Soledad entre la multitud sin cara; indiferente ante tu agonía interna; al margen de cientos de cuerpos sin alma, andando tras huellas de vidas ajenas. Y sigues de frente, a oscuras, sin ganas, sin nadie que ponga luz en las tinieblas, y tu sonrisa intacta, petrificada, engaña a quien no sabe mirar tras ella. Pero, poco a poco, el tiempo se marcha; el reloj, sin piedad, termina su arena; el espejo refleja arrugas marcadas, testigos de una muerte en vida plena. Y al final del camino que ya se acaba, la mirada busca un pasado perdido; pero solo encuentra polvo y telarañas; y la muerte, con su aliento frío, finaliza el cuento soltando una lágrima.



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