Somos líquenes en abrupción,
tormentas sin reclamos ni calmas,
en el vacío donde se supone
que se pierde nuestro alma
el vacío retumba en silencio,
los ojos escapan de miradas,
casi siempre miradas perdidas,
cuando despedidas nos anclan,
se rompen las voces y se tiran
las puertas abajo si hace falta.
Me digan los muertos si caben
en nuestro tiempo tantas palabras,
me digan los sabios si esperan
de nosotros cimiento sin tabla.
Se rompan la pena y el miedo
se dividan el cielo y la tierra,
se rompa el azul terciopelo,
y el suelo pedazos devuelva,
que desde que me vi partir
no hay sustento que mantenga,
que desde que me veo venir
no hay motivos para mi guerra.


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