Clara Cortés (Colombia) Escritores de Letras & Poesía Reflexiones

Regrésame

Te desconozco, ya no eres quien conocí —dijo mirándome directamente a los ojos.

¿Cómo confiar en ti? Cuando veo que tus actos, tus pensamientos y tus sentimientos no logran encontrarse entre sí. Me has fallado.

Regrésame fortificada a esa persona por la que por un momento llegué a sentir orgullo, y ahora veo que se destruye. —Seguía mirándome fijamente y no pude evitar que mis lágrimas comenzaran a brotar.

¿Por qué lloras? —preguntó. ¿Por qué no respondes a lo que te digo? ¿Es porque mis palabras son verdad para ti? —Agaché mi rostro para secarme las lágrimas y poder ver claramente su mirada retadora.

No quiero que llores más, no quiero que te excuses entre lágrimas y preguntas y sollozos y desconfianzas inventadas para creerte fuerte frente a ti, pero verte tan débil ante los demás. Te quiero libre de la ignominia causada por tu contradicción. Libérate de ese juez imaginado que cada día te apuñala por la espalda. Deja de ver solo la flor marchita del enorme jardín que florece en tu pecho.

Te extraño. Te necesito. Te amo.

Te quiero, de nuevo, con pasos certeros, con acciones justas y con amores soberanos. Descarga tan pesada e inútil maleta que cargas en tus espaldas, en la que encuentras frustraciones y lamentos cada vez que la abres.

¡No puedo! —grité.

Te lo repito: te desconozco —dijo, mirándome con lástima; siendo este un acto insolente pero justificado. La lástima era, para mí, el sentimiento más pernicioso; su mirada era el acto final para poder entender todo lo que me había venido diciendo.

Por favor… —continuó. Vuelve a ver el mundo con los ojos que yo lo veo, o mejor. Vuelve a dedicarme una sonrisa honesta, un guiño coqueto y una mirada tranquila. Vuelve a entender que lo incorrecto, más que un asunto moral, es un sentimiento que nunca te ofrecerá paz. Vuelve a sentirme inherente a ti y seamos uno, una vez más y para siempre.

Me miró, esta vez con ternura, tocó mi mano e hicimos un pacto, sin necesidad de pronunciar más palabras. En calma me levanté, le di la espalda y partí… dejando atrás mi reflejo, dejando atrás al espejo.

Rubén sampietro (2)

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