Coincidentes

En otros tiempos fuimos dueñas del aire, de lo intangible, e incluso podríamos decir que de la nada. Ni de nuestros cuerpos, ni de nuestros planes ni deseos. No éramos dueñas ni de nosotras mismas.

Cuando pienso en las que ya no están, una enredadera de fuego cruza mi cuerpo. Desde la punta de estas manos hasta mi columna vertebral. Se expande y me desgarro al sabernos en las mismas batallas.

El dolor se convirtió en un poder imparable y enfurecido de nuestras vidas pasadas, y nos trajo hasta aquí.

 

Hoy nos toca vivir otras revoluciones. Dar un giro, seguido de otro y así hasta volvernos eternas y dueñas de lo que nos pertenece. Frutos repartidos por doquier.

Veo a cientos y miles de mujeres detrás de mí. Adelante y a un lado mío. Y en ellas encuentro el motor de caminar juntas y a la par.

Gloriosas, completas, transparentes, sabias, capaces, valientes, desprendidas, líricas, tenaces, vibrantes, queridas, fugaces, desbordantes, maestras, libres, libres, libres.

Formadas del polvo, de lluvias de abril, de sangre y estrellas lejanas. Extensas como los llanos y como el total de los mares. Un corazón omnipresente habitando en cada pecho.

Sé que suena increíble, pero están en todas partes.

 

¿Quién nos va a parar?, ¿quién nos va a parar si estamos juntas en este camino, en este infinito, agridulce y estrepitoso andar?

Nosotras ya no pedimos permiso. Ya no nos disculpamos, solo atravesamos fronteras, puertas. El escenario que es el mundo entero.

A veces sueño con que nos aliamos. Otras, con que falta demasiado. Sueño que, sin importar la divergencia, distinguimos los puntos, esos pequeños destellos en los que sí coincidimos.

Y ese es un sueño al que no estoy dispuesta a renunciar.

137 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas