A veces olvido

A veces olvido que estoy herida
y sonrío siete noches
desembarcando el dolor,
deshaciéndome de la piel
con los ojos desiertos.

Me levanto aun sin haber dormido,
doy cien vueltas sobre la alfombra
-apenas de puntillas-
con la puerta entreabriéndose
y el equilibrio casi precario.

Desayuno a cualquier hora
en cualquier lugar
con los platos hasta el borde
y los cubiertos en el piso.

Me desvisto despacio,
cobijada de miedo 
en el sillón de siempre,
predestinada a renunciar
a las dos de la tarde al aire libre.

Miro en el espejo la vida vivida,
me cruzo conmigo
y me paso de largo
redescubriendo los besos,
adelantando mis pasos.

Me cambio tantas veces
como me da la gana
para volver al sitio de donde hui
y dejar que me alcancen.

Vago por la casa,
subo la escalera,
olvido los cumpleaños
y grito palabras incorrectas.

No sé a dónde voy 
ni qué me destroza
y siendo sincera,
tampoco intento recordarlo.

Me disculpo por reír,
por alejarme de quien me dictan ser,
por no ofrecer mi luto
ni vestir de negro.

A veces olvido que estoy herida,
que en cualquier momento
me verán sangrar
y dejo un papel en blanco
como constancia de que pude llegar.

A veces olvido que soy la misma:
la mujer rota, herida, pisoteada
que camina sonriente
completamente consciente
y llena de confianza
soñando con consumir 
sus vidas pasadas.

Publicado por Alejandra Olivares

No sé si sé escribir, pero es lo que amo hacer.

15 comentarios sobre “A veces olvido

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