Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Géneros Psique W. (España)

Entre las sábanas

La luz del amanecer se filtra por la ventana del dormitorio. A través de los agujeros de la persiana, abriéndose paso entre las cortinas de algodón estampadas de flores de colores, el sol ilumina suave y lentamente la habitación. En los tonos verdes del suelo, de baldosas hidráulicas muy viejas, y las paredes blancas del cuarto centellea la mañana. Al igual que en la cómoda, la silla y el armario pintados de color beige que hacen compañía a la cama del mismo tono.

Bajo la gruesa colcha, a juego con las cortinas, y las sábanas de hilo azul hay dos cuerpos desnudos. El de Fátima se mueve, gruñe, y bosteza dándose la vuelta lentamente hasta que consigue abrazar la cintura de Patricia.

Fátima se acurruca en el cuello de Patricia, inhalando su olor a lavanda. Patricia rodea la cintura de Fátima y le besa la coronilla.

—Hola —dice Fátima adormilada.

—Hola —responde Patricia con el mismo tono de voz.  

—¿Qué pasa? —pregunta Fátima intentando mantener los ojos abiertos. Se siente un poco aturdida, no sabe muy bien qué decir.

—Lo que tú digas —vuelve a responder Patricia con media sonrisa mientras acaricia la cabeza de Fátima.

Fátima guarda silencio un instante. Apoya su cabeza sobre el pecho de Patricia, a la altura del corazón. Ella escucha con interés, hipnotizada, el bello latir de su compañera. Patricia le responde acariciando sus oliváceas mejillas, intentando recordar, entretanto, el tono exacto de marrón que tienen sus ojos y observando como la raya del tinte fucsia deja entrever el moreno original del pelo de Fátima.

Instantes después Fátima se despierta, mira a Patricia y sonríe: «Me he dormido otra vez», piensa. Entonces se detiene a observar el rostro ovalado de Patricia, con sus ojos verdes, piel sonrosada y pelo oscuro muy corto. Por primera vez en mucho tiempo se siente segura al lado de otra persona, por esa razón no puede dejar de sonreír.

—¿Cómo estás? —le pregunta Patricia a Fátima.

—Bien —responde Fátima con voz más clara que antes.

—Me alegro —dice Patricia en voz baja y melosa.

—¿Y tú? —insiste Fátima.

—Nunca había estado mejor —reconoce Patricia con euforia comedida.

Ambas se miran durante dos segundos: el primero a los ojos y el segundo a los labios. Labios pequeños, con restos de carmín de color pastel, llenos de deseo sincero, carnosos guardianes de un secreto a voces entre ellas. Se besan. Unen sus bocas y las aprietan la una contra la otra. Patricia atrae a Fátima hacia su cuerpo con fuerza, Fátima se pega a Patricia con intensidad. Las bocas se abren, las lenguas empiezan a jugar. Las piernas de una se enredan con la de la otra. Se escucha un gemido, al unísono.

La cama tiembla, el sol parece esconderse un poco, como si quisiera darles intimidad. Bajo las sábanas se produce la magia. Dos caricias, un beso. Dos bocados, un beso. Dos manos, un beso. Dos abrazos, un beso. Dos dedos, un beso. Dos lenguas, un beso. Dos suspiros, un último beso.

La cama y la colcha dejan de temblar. Debajo de las sábanas azules, Fátima y Patricia se abrazan de nuevo, agarrándose fuerte a sus cuerpos. Se sonríen la una a la otra, con la cara iluminada de felicidad y los ojos brillando de alegría.

—Te quiero —le confiesa por enésima vez Fátima a Patricia— . Tengo algo aquí —se señala el pecho— que se infla cada vez que estoy contigo, cada vez que hablo contigo, cada vez que me rozo contigo, cada vez que como, duermo, follo, bailo, canto, leo o viajo contigo. Me siento feliz a tu lado. Te amo, compañera.

—Yo también te amo y te quiero, compañera —responde Patricia una vez más a la declaración de Fátima—. Me siento dichosa por haber construido un lazo de unión tan puro contigo.

De los ojos de Fátima cae una lágrima de felicidad que Patricia se apresura a limpiar. Mientras, otra lágrima de emoción recorre la mejilla de Patricia y Fátima le devuelve el gesto secándola con sus dedos.

Fuera de la cama y las sábanas, el sol penetra, ahora sí definitivamente, en el dormitorio para ser testigo de un amor sin artificio

Rubén sampietro (12)
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Un comentario

  1. Amor del bueno…sin necesidad de declamación alguna…miradas, roces, sonrisas, y mucho mas para unir dos almas, que se encuentran en la plenitud de su paraíso, creado por ambas. Así tan simple,,,como decir “te amo”…

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