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éramos porque debíamos,
ahora somos porque queremos,
y de otra forma ya no podemos.
Distancia o cercanía,
en conflicto o en sintonía,
en la razón y en la ilusión,
ejemplo para mi corazón.
Tatuado está en ti,
con alas abiertas el Fénix.
Si bien alguna vez te rendiste,
moldeaste las cenizas, volviste,
y en fuego te convertiste.
A mi cómplice … ¡gràcies!
en tu reflejo también yo crecí,
porque aprendimos de todo reír.
Si soy lo que soy es porque,
parte de ti está en mí.
Poco sería decir te quiero, y si nos apegáramos a su raíz etimológico, no me gustaría decir un te quiero. Culturalmente lo usamos como expresión de cariño, pero su nacimiento proviene de un concepto de deseo o pretensión, y si hemos aprendido algo en el camino, es que en el deseo y la pretensión no está el amor.



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