Una taza repleta de tiempo
ha caído irremediablemente al piso.
Tratar de recoger el líquido
sólo hará que las manos
acaben manchadas de vagos recuerdos.
Soltar sendas lágrimas por tan preciosa sustancia
terminará por diluirla,
arrebatándole sus sensibles propiedades.
Revolotear frenéticamente
el charco que se ha formado,
distorsionará el reflejo de nuestra propia imagen.
Reflejo concebido para darnos cuenta
de las leyes naturales que nos rigen.
Beber el tiempo hasta que se agote
es pues, una actividad impostergable.
Invariablemente la tetera que contiene
la cantidad precisa de este brebaje
llegará a su fin.
No habrá una segunda ronda,
o tan siquiera una última degustación.
Es por ello que evitar desperdiciar el tiempo,
muchas veces vertido
sin un ápice de conciencia
de la cantidad que se ha empleado
o de la calidad del recipiente en el que se deposita,
se vuelve algo aconsejable e incluso esencial.



Replica a DraJ2003 Cancelar la respuesta