No puedo crear consenso
al distinguir tu mirada
sobre fría y tensa espalda
que cargo al escaparme.
Y no puedo contemplarte
porque el hambre se ha esparcido
más allá de los intestinos
y por debajo de las palmas.
Ya ni el tiempo alcanza
para pensar en lo sucedido
en fiesta, día amarillo
que se ha quedado en la mañana
pues la sed se había saciado
al registrar sedosa voz,
en mis oídos y rodillas,
en mis dedos y corazón.
Ahora rezo una oración
en palabras inasibles
que en raigambre se desvisten
y a tus ojos hacen gracia
y al final tú me dominas
verbo y pompa, sonrojada
pues proclamas que soy diosa
y realmente soy
e s c l a v a.



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