Atrás quedaron los preciosos días
de temperaturas tranquilas,
días de vientos calmos y frescos
perfumados de fragancias nuevas,
días de nubes cargadas,
tardes frescas de rebeca,
noches de mantita fina.
Hoy comienza el infierno,
noventa y tres días
llenos de olas,
plenos de crestas;
completos de playas abarrotadas,
absolutos de montes ardiendo.
O playa o monte:
playa sofocante
o monte reseco,
playa donde no se puede comer
o monte donde no se puede hacer fuego
El verano es el tiempo del no:
No sitio,
no sombra,
no fuego…
Pero llegará el otoño
y todo lo serenará.
Volveremos a recordar con nostalgia
días felices de playas atestadas,
chiringuitos carísimos,
quemaduras solares;
días felices que desearemos que vuelvan.
Nadie, excepto nosotros,
sabrá cómo ha sido este verano.
Nadie sabrá lo que te costó dejar el coche…
a tres kilómetros y pagar una fortuna.
Nadie sabrá que el «apartamento con vistas»
era tan bueno que para ver el mar
había que darle la vuelta.
Nadie sabrá que “a pie de playa”,
el pie era de Gulliver, que calza un 215.
Nadie sabrá que el complejo prometido
era un parque lleno de niños ruidosos de día,
perros de amos gorrinos
y chavales escandalosos de noche.
Nadie sabrá lo bien que lo pasamos.



Replica a Anónimo Cancelar la respuesta