Me fundo en la historia de la que formo parte. Una gota que se mezcla entre los ríos de tinta.
Camino por este sendero que otros crearon dejando huellas. Largo es, transitado en otros años, silencioso, lleno de historias que nos dejaron.
Miro hacia arriba,
hacia el cielo donde escucho el trisar de las golondrinas exiliadas que se llevaron el amor y la memoria para nunca más volver. Solamente las oscuras retornan. Triste melodía de un amor rechazado.
El gorgojeo de la paloma en su enésima equivocación, todo lo confunde: el cielo con el mar, el sol con la luna, las estrellas con el rocío, el desierto con el vergel, el valle con la montaña… Todos los que la han visto repiten la misma frase: «Se equivocaba».
El graznido solemne de «El cuervo» que hizo famoso a su creador, solo sabe decir: «Nevermore«, su sombra trae muerte, desesperanza.
Miro hacia abajo,
en la tierra los aceituneros altivos con sus sinuosos troncos. Ellos conocen quien los levantó y llevan muchos siglos dando aceitunas. Alientan a su Jaén que se levante brava.
Miro a mi lado,
no estoy solo en el camino y a ella le digo con toda sinceridad: «usted sabe que puede contar conmigo las veces que sean necesarias».
«Si me ve un brillo de amor en la mirada, no se asuste, al igual si otras veces estoy huraño sin motivo o parezco indiferente».
Le ofrezco mi mano tendida y hacemos un trato. Yo cuento con ella y ella conmigo.
Miro atrás,
vuelvo al clamor que me llama del pueblo, no olvido sus gritos en lo alto y tomo partido en mis composiciones sin ser neutrales, golpeando las tinieblas, el acero y el oprobio.
A toda esta historia nutriré con mis esencias, ahora el crepúsculo asoma, la pluma descansa, final de la obra.



Replica a erotismoenguardiablog Cancelar la respuesta