No soy un romántico empedernido,
pero eso no importó a la hora de romantizarte.
¿Acaso no puedo dejar que el choque grisáceo
de la realidad desfibrile mi corazón
y deconstruya mi espíritu
hasta su última partícula?
Quizá valoro en exceso
la sensación de perpetuidad
y desdeño el proceso natural
de caos y creación.



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