Cuento Laura Baralt (República Dominicana)

Te guardo

Aún no entiendo qué viste en mí si cuando llegaste mis manos estaban ocupadas: una con mi corazón en pedazos y otra con el miedo a caer de nuevo al abismo, sin espacio para ti. Era más un manojo de nervios que una persona, con las emociones apagadas y un llanto eterno en los ojos que a ti te parecían tan divinos.

¿Será que te apenaste de este cachorro herido y quisiste curarlo por instinto, sin percatarte de que podía morderte? Supongo que nunca lo contemplaste, yo tampoco lo pensé y terminé agrietando tu sonrisa sin querer, porque no fui lo que necesitabas, torneando de gris esa aura tan espléndida que mantienes a través de la practicidad y los buenos lazos con tus amistades.

Me he culpado mil veces por no saber amarte, por no poder ser ni una pizca de lo que te mereces siendo tan noble y atenta, pero no estaba listo para abrirle el corazón a nadie, aunque lo deseaba con todas las fuerzas que me quedaban. Y créeme que pensé mil veces en llegar hasta el último punto, para escribir la G con mayúscula y nadar en tus aguas, solo para comprobar si el deseo me amarraba a tu cintura, pero no hubiera sido sensato, no a esta edad donde no hay tiempo para confusiones, donde el amor debe ser claro o no ser.

Y nosotros no fuimos nada porque dentro de mí no despertó la chispa que decidiría el rumbo de esta historia, cortándola de raíz abruptamente, sin permitirle germinar, descartando todos las probabilidades por omisión y dejándome la duda de si hice lo correcto en partir en lugar de ilusionarte con la idea de que podría crecer algo en la tierra árida de mi pecho.

Me llevaré de recuerdo tus canciones tristes, que por alguna razón nos alegraban, tu fijación por los lugares escondidos, las cálidas noches de caminatas que parecían no terminar, las fotos, las insinuaciones fuera de lugar que yo rebotaba con la mejor puntería y la insistencia con la que me animabas a levantarme de la cama para retomar mi vida, aunque la haya reconstruido sin ti.

Te guardo en un rincón de mi pecho, donde serás eterna, y soñaré con la posibilidad del “si hubiera sido diferente”, no para conciliar mi consciencia, sino para recordar que las oportunidades en la vida solo pasan una vez. Incluso las que pudieron ser buenas.

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