¿De qué están hechos los poetas?

Que de qué están hechos los poetas, me pregunta, como si yo pudiese contarle mi verdad.
Seré sencilla y me aplicaré la respuesta de Enrique Gracia Trinidad:
«Como dijo un amigo de Bécquer, somos como los demás y, a veces, escribimos versos.»
Querida, ¿deseas que te diga más?
No sé qué opinan mis compañeros.
En cuanto lo que a mí respecta, carezco de un tinte especial: este me llega cuando a quien quiero me besa de verdad o cuando huelo el mar y, entonces… escribo.
Humildad conmigo, mis fases lunares son testigo de que precisamente
de lo que yo no estoy hecha es de la nomenclatura «poeta»; menos aún de «poetisa».
Buscando el punto de inflexión entre ser musa y escritora
me quedé en tus caderas y la inspiración la hallé ahí.

Estoy hecha de ellas,
de un niño que no vuelve,
de una piel doliente
y del mes de abril.

Ahora en serio, amiga:
Te contestaste formada por pinceles y creatividad:
¿acaso en mí esperabas más?
En cuadros te proclamas expresionista;
en servilletas, escribo mis puntos de vista,

De las baterías reciclas sus parches y yo con ellos me cubro
para que más nada me dañe.

Concluyo este poema dudando de si soy artista o no
pero con la afirmación de que
yo estoy hecha de lo que escribo
y lo que escribo soy yo.

Publicado por Celeste Jiménez

Mi nombre es Celeste Jiménez y nací el Día del Libro para respirar al escribir, y viceversa. Me gradué en Información y Documentación por la Universidad de Salamanca, y mi sangre se convirtió en tinta desde que tengo uso de razón. Así, me inicié con un pequeño libro a la edad de 11 años y me presenté a concursos de literatura, como Cartas a un maltratador, en el que obtuve el reconocimiento de finalista. De vez en cuando, deposito mis estribillos en servilletas de bares, o en bolsitas doradas que circulan por las ciudades que visito. Continué de esta manera no profesional hasta que establecí contacto con Arturo Márquez Miranda, profesor, entre otras cosas, de corrección y redacción de textos. Esto me posibilitó el obtener un título acreditativo, además de aprender a redactar y a utilizar una correcta gramática. Sin embargo, lo que más he de agradecerle es que me impulsara a que perdiese el miedo a mostrar lo que yo había creado. Así, comencé a escribir de una forma impulsiva y casi enfermiza con la suerte de que uno de mis relatos cortos, titulado La cena de Abril, será publicado por la redacción de Scripto para formar parte del libro El mundo en tus manos, cuya recaudación se destina a Médicos sin fronteras. Uno de los trabajos de los que más orgullosa estoy es la investigación que realicé sobre Ramón Plantón Moreno. Podéis echarle un vistazo en https://people.safecreative.org/investigacion-sobre-ramon-planton-moreno-celeste-jimenez/w1810158736985 . Pero, sin lugar a dudas, el hijo que defiendo a capa y espada es a la antología El gitano del látigo en los ojos, en constante modificación. Populismo innecesario aparte, os comento que el género literario que más trabajo es la poesía. La extensión de la misma habitúa a ser amplia pues me gusta detallar los conceptos; me resulta muy difícil transmitir a los demás la forma exacta en que han rondado por mi cerebro y mi corazón las ideas. La moraleja que siempre difundo es la de defender el amor propio; ese es el denominador común de mis textos. Y, de éste, se derivan otros subtemas, como el de la denuncia social referida al holocausto animal, a la libertad como base de todo, al feminismo, al autoestima, … Hubo un momento en que me percaté de que, cuando leemos publicaciones en las que se apuesta por el amor propio por encima del amor hacia otra persona, siempre se toma esta decisión una vez que dicha persona nos ha causado un dolor tan grave como para que abramos los ojos, o, simplemente, tras finalizar una relación. Y ahí está el error. No hay que iniciar un proceso de valoración y respeto hacia uno mismo cuando se acaba la pasión hacia otra persona – o cuando ese alguien no nos quiere más-; hay que amarnos antes de iniciar el idilio romántico, durante y después. Y, de aquí, se deriva otro inconveniente, y es este mismo: el autocastigo, que se relaciona con la mencionada baja autoestima. Por ello, opino que mi proceso creativo es, a fin de cuentas, una terapia curativa en la que, lógicamente, se mostrará también desamor, amor, familia y cualquier acto real o ficticio que me quite el sueño. Ha sido muy recientemente cuando he decidido desnudarme públicamente a golpe de versos, y no pienso frenar mis alas abiertas. Abrí una cuenta de instagram, a la que todas las personas sois bienvenidas. Es @pinceleste. Y, lo que siempre digo, “con emocionar a una sola persona, yo ya he ganado”. Me gusta ayudar; es algo que me agrada enormemente. Si tu mal día mejora porque te has distraído al leerme, la que dormirá feliz esa noche seré yo. Finalmente, comentaros que la imagen que utilizo para postear es una ilustración personalizada creada por José Bustos. Es un híbrido entre la connotación de mi nombre, el universo Celeste, y un elemento que siempre me acompaña como amuleto: la luna. Sin más dilación, espero que encontremos un punto de inflexión entre vuestra necesidad de distración y mis ansias por no ahogarme. Un fuerte abrazo; Celeste.

2 comentarios sobre “¿De qué están hechos los poetas?

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