Cuento Fabio Descalzi (Uruguay)

Revolea

Que se vaya a la mismísima…
No la voy a soportar ni un minuto más a esa. Ya no existe para mí. Voy a hacer la mía. A salir, a conocer, a aprovechar. Tener novia, yo. ¡Ja, ja, ja! Después de todo el tiempo que estuve con esa. Después de todas las noches que pasé con esa. Después de todo lo que dejé por esa. Después de todo lo que trabajé en la pizzería para hacerle regalos, ¡a esa! Después, después… ¡después, lo que venga! Ahora no me importa nada. Me sirve lo que sea.
Como esa que estoy viendo ahora, al salir a la calle. En la esquina de casa.
Con la carterita roja.
Me la revolea.

***

Este imberbe se cree el uno.
Como si yo no me diera cuenta de que apenas tendrá quince o dieciséis.
Él nunca me echó el ojo mientras paro en esta esquina, pero yo sí lo veo salir de la casa todos los días. Volver todas las madrugadas. Con la cabeza en otra parte.
Ahora me está preguntando cuánto cobro. No le voy a regalar nada. La ropa que tiene no se la compró con el sudor de la frente, no. Y el hotelucho al que me quiere llevar, él se cree que es barato. Ja, ja. Encima, en auto me va a llevar. Ni tiene libreta. Pero bien que muestra la llave.
Me la revolea.

***

Ese techo está que se cae a pedazos.
Las paredes son una depresión.
Esas cortinas son horribles. ¡Yo, fijándome en las cortinas!
Esa luz roja que entra por la ventana, como salida del infierno, me quema los ojos.
¿Para qué vine aquí?
Ahora, esa tipa se va.
No me aguanto lo que dice.
Prefería quedarme en casa.
No me aguanto lo que hice.
¡Yo querría haber volado!
No me cabe en la cabeza.
¡Es como si la hubiera violado!
Casi reviento en esta pieza.
Ahora me quedé solo, aislado.
Me tapo los ojos. ¡Cómo lastima! Me tapo los oídos. ¡Cómo retumba! Me agarro con las dos manos. ¡Cómo me duele! Parece que alguien gigante me la agarra. Me la zamarrea.
Me la revolea.

***

Ya le cobré. Me voy. No tengo más nada que hacer acá. Seguro que en la calle encuentro otro, ya mismo. Con la billetera más gorda. Y ahí sí, por hoy, estoy cumplida, con bastante plata en el bolsillo.
Este pobrecito se creyó el muy macho. El que tiene calle. El dominador. El sometedor. ¡Cómo le falta conocer de la vida! Es de esos tiernitos que los deja la primera novia y sienten que todo el mundo se les viene abajo. Típico del otoño. Los que tuvieron la primera novia en el verano, la hacen durar. Después así les va. Cuando la cosa no da.
Pero, claro. Un chiquito así les anda contando a los amigotes de lo buena que estuvo la primera vez. De lo buena que está la novia. De lo buena que está la cosa allá adentro. Siempre agiganta los detalles. Que nunca nadie la besó. Que antes ninguno la tocó. Que fue el primero. Que pasó una y otra vez. Que le gustó. Que le gustó ser el primero. Que le gustó besarla, tocarla, gozarla.
A esa.
A mí no.
A esa. Todavía sigue.
A esa.
Me la revolea.

“The Violation”, del álbum Agony, por los metaleros italianos Fleshgood Apocalypse (2011). Cuando el pecador no se perdona a sí mismo y se vuelve perpetrador.



 

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