Cuento Fabio Descalzi (Uruguay)

Novia por…

Amaranto se agarra la cabeza, sentado en la mesa de su bar favorito. Resolvió tomarse una semana libre en los rodajes. Le viene bien tomar un poco de aire puro. Aunque él, de puro, no tiene mucho; muy por el contrario, le atraen los excesos.

Mientras termina su cerveza se le acerca una gringa solitaria. Él le suelta las primeras palabras que le salen. Ella deja aflorar toda su engañada y pisoteada vida sentimental. Quiere olvidarse de aquel execrable tipo. Él le presta el oído. Ella se acerca a susurrarle con su extraño acento; agradecida, con la delicada mano le acaricia las apretadas motas de mulato. Él termina de prestarle el resto de su cuerpo; por una noche de consuelo no se va a negar.

Tres días después, ya instalada en su casa y en su cama, ella lo invita a formalizar. Él es muy consciente de la parte que le toca con el asunto de los engaños. Amablemente la invita a irse, diciéndole que él para eso es un pésimo partido. Ella se retira, seca, sin hacer escándalos. Él casi se arrepiente, pero se muerde la lengua para no remorderse la conciencia. Ahora es él quien se siente desengañado. Qué raro el aire que respira. Ahora es Amaranto que trata de olvidar, sintiéndose despechado por la vida.

Otra velada en un bar desconocido. Mientras Amaranto sorbe con sus gruesos labios la segunda copa de un trago bien fuerte, se le acerca una chica que se había colado. Seguro que es menor. Lo conoce de verlo a hurtadillas. Se muere de ganas por pedirle que la “acune”. Le clava los chispeantes ojitos de almendra, le sonríe para derretirlo, le arremolina el cabello rojizo. Él pierde la cabeza.

Esa larga noche, él pone todas sus artes al servicio de esa chica, que aprende rápido a dejar de ser una primeriza. Casi no hay chismorreos, no se entienden sus idiomas. Pero es tan fascinante la vivencia que, por gestos, ella le pide cada vez más cosas. Sin saber que él está de verdad enloqueciendo.

La resaca del día después es espantosa. Ella ya se fue. ¿O la habrá soñado? Las marcas color ciruela de lápiz labial en la sábana y en su cintura no dejan lugar a dudas. Ahora puede venir cualquier cosa, desde una noticia de embarazo hasta un juicio por corrupción de una menor. Se siente tan vacío y desastrado que poco le falta para caer en una depresión. La cabeza se le llena de chismorreos baratos que le taladran los oscuros sesos.

De pronto, una llamada lo saca de su tremendo pozo.
En cuatro horas lo necesitan para filmar.
Punto.
A trabajar.

Amaranto se apronta. Se sumerge en un baño lo bastante largo y espumoso como para borrar de su piel achocolatada todo rastro de esas cosas raras de los días libres, cuando las aves de paso se hacen reales por poco.

Un mes después, cuando los rodajes con profesionales se vuelven a hacer rutina y aquella licencia licenciosa queda casi en el olvido, se cruza con alguien en un parque. No hay caso, siente debilidad por las gringas. Ébano y marfil. Polos opuestos. Se gustan, se olfatean, se hablan, se enamoran. Pronto la tiene viviendo con él, hasta empiezan a decirse «te amo».

Ella sabe es que él es actor de profesión, no le pregunta nada más. Le alcanza con entender que el corazón de Amaranto es solo para ella. A él tampoco le interesa entrar en detalles. Hasta allí llega su sentido de la decencia. Porque aquellos ojos de almendra clavados en su mente, recordatorio de la inconsciencia de una noche loca, le duelen mucho más que ocultarle a su novia que trabaja en películas condicionadas.

“Naughty Girl” por Beyoncé, de su álbum Dangerously in Love (2003). Si acaso no se captan las vibraciones…

Relato seleccionado en el Concurso Literario “De la traducción a la creación” edición 2017, tema “Todo y su contrario”; participé con el seudónimo “Vytautas”. Si te interesa leer más, está el PDF descargable aquí.



 

2 comentarios

  1. ¡Excelente entrada con una muy buena narrativa! Genial el golpe final…y pensar que como lector, uno suponía que Amaranto no poseía ademas de sus labios gruesos, otros atributos…. Un cordial saludo.

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