En mis entrañas,
hay un poema de fuego
que te nombra.
Tiene versos que dicen
por ejemplo:
su sonrisa abarca todo.
Cómo no echar raíces
en tus pómulos extensos;
cómo no anclar
en tus caderas tibias.
Y mi búsqueda,
indefectiblemente
desembocaría en tu risa.
En tu piel
suave como de marfil;
y el pelo lacio,
todo arisco y casi infinito.
En la curva,
que dibujás en el colchón
cuando vibrás.
La noche es una mandíbula
que nos devora enteros;
y las luciérnagas,
que se despabilan
para ir a trabajar,
se inmutan con tu brillo.



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