Gran ente divino,
deja caer tu manto impoluto
sobre la superficie de la Tierra,
y alivia las tribulaciones cotidianas
de sus habitantes.
Irradia tu luz y aleja la oscuridad
de todos los rincones
conocidos y por conocer
del planeta.
Silencia con tu potente voz
los gritos de miedo y zozobra
de aquellos frágiles individuos
incapaces de imitarte.
En pocas palabras,
¡oh gran fuerza omnipotente!,
despoja sin piedad
a los seres humanos
parte de su esencia misma.



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