El incendio del mundo y de la furia
que acompañan los años y el hastío,
de este espejo que muestra el desafío
del que escribe estos versos de penuria.
La planicie del llanto, toda injuria
infligida, descifra el desvarío
soterrado del grito, donde río,
sin embargo, tan pleno de lujuria.
Desolada quimera de la nada,
indecente caricia enajenada
que me salva del mundo demolido.
Y la vida convierte la ceniza
los rostros marchitos en maciza
estructura de mármol encendido.



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