(En el mirador de Luis Rosales, Sierra de Guadarrama)
Mundo inconmensurable
de montañas que dormitan ahogadas en vapor,
que esperan al sol para lucir sus faldas
y son mientras hostiles y hermosas en su hostilidad.
Oh montaña: nos has dado tú
hoy tu viento, tu murmurar, el esperanzador canto de tus aves.
Nos has dado esta noche tu frío y tu nieve
y con nuestro sueño encogido
te hemos desafiado y atisbamos ya la aurora.
Oh montaña:
tú eres lenta y robusta y no envejeces
más que en las largas edades
en las que la lluvia da forma a las rocas.
Tú me miras
a mí:
pequeña criatura testigo hoy de tu magnificencia,
huella imperceptible en cicatrices milenarias,
valiente y vulnerable y dichosa criatura.

Fernando Benito F. de la Cigoña
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