Avariciosos dramaturgos
que cercenan la desilusión
inaugurando monumentos solemnes
trayendo a cuenta el cómo esperguran
la vasta calumnia contaminada
por residuos inmunes de ser desechados,
entibiando la estructura desorganizada
de todas, pero absolutamente todas,
las oscuras fauces del desapego.
Dejan pasar las advertencias
como si no fueran lo suficientemente ásperas
como para demostrar lo contrario,
a cada uno de sus desdichados discursos.
Existen dedicatorias especiales nombradas
en honor a aquellos que deciden irse
en forma de recuerdos
que, colapsados sobre sí mismos,
emprenden vuelo cuando ya no quedan alternativas
más que recurrir a la ignorancia
dando un verdadero paso en falso
en un trayecto orientado hacia el olvido.



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