La verbena

Aún escucho el centelleo sonoro de la música,
el envejecido aroma del tango,
la letanía del blues horadando la piel de la noche,
el zumbido del verano y su liturgia.
La fiebre de la danza, la sagrada melodía del chamán
que oficia el sacrificio a los dioses de la sed y la lujuria,
entre el destello de los fuegos de artificio
y la sedosa esencia de las flautas y tambores.
Pero la verbena ha acabado
y los músicos son memoria pura,
la fábula que uno se cuenta para seguir adelante,
para no morir antes de tiempo,
y soñar que la vida pudo ser de otra manera.

pradoalto jose ferreiro escritor poeta

Pradoalto
@joseantoniorodriguez.f
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