El tiempo es un ave coja,
una golondrina doliente,
que agoniza entre mis manos,
sus ojillos aún vivos,
escarban semillas
en mi pecho.
Su eco monótono resuena,
en este mismo pecho
de aquel sonido que se desvaneció,
que se perdió en el tiempo.
Sobrevuelan sus silencios
mis heridas,
aletea rimbombante
ese maldito enjambre
de horas muertas
y el cruel sonido
de sus burlas
se hace parte de mi piel.
Picotea cada miedo
e intensifica su esplendor
y yo, mudo, quieto,
inamovible, me derrumbo
sobre el cascarón
que un día me contuvo
y en ceniza me convierto.
En ceniza y aire,
en costosa exhalación,
en átomo impermeable.
Gruñe el universo
ante mi pomposo silencio
y sólo soy roca estelar,
sólo soy polvo,
sólo un susurro,
sólo un segundo…
Tan sólo migajas
de un ave coja perdida en el tiempo.

Enrique Morte
@enrique.morte_poesia
Leer sus escritos

Nazaret Ranea
@nazareterreese
Leer sus escritos


Deja un comentario