Un alto en el camino

Saboreando la vida entendí
que debo aprender
a amarme primero,
que la lluvia resbala el alero
y guarece las velas
que encendí.

Visito el pasado
mirando de lejos las heridas,
solo para rescatar
las lecciones aprendidas.
Las piedras
quedan al paso del camino,
metabolizando el recuerdo
en azúcar de vino.

Abrazo el presente
como un regalo,
me obligo a ser fuerte
y con fe avanzo.
La rosa de los vientos
me dibuja un horizonte,
la línea de mi mano
traza más de un solo norte.

Miro a los ojos al futuro
y exhalo gratitud en un suspiro.
No será fácil, lo aseguro,
pero mis sueños
caminan conmigo.
Siembro así
un concilio de olvido
para florecer la quietud
en mis huellas
y en mi voz,
clamor de estrellas.

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