Nada entiendo, nada camuflo
en la vertiente del tiempo.
Nada soy en el vasallaje perpetuo
de las palabras sin sentido.
Es ahí cuando me arrebujo
en la calidez restante
y se estremece el ardor matutino,
inconsolable.
Nada poseo, si mis manos están manchadas
del polen de la miseria interior.
Nada vive en el recuerdo
si no hay lágrimas de nácar de por medio.
A la madrugada longeva de enero,
aquende del buriel amanecer
del ayer de penas,
nada es el umbral
que en camino
me alce a la plegaria infinita,
al asombro de rubores y escondrijos,
de dolores
opalinos.
Nada sirve de consuelo
cuando se marchitan
los anhelos del presente,
o aun cuando surcan mis sollozos
los recuerdos, ya ausentes.
Nada te hace más esclavo
que vivir en el claustro de tu impaciencia,
aquel crisol de rescoldos del lamento,
ya ido a mayores selvas.
Nada amarra a mi puerto
si no llega en un velero de amapolas,
si no cae sobre mí
un manto de lluvia y cuerdas,
y ya nada es,
si yo no soy en consecuencia,
con mi respirar.

Pablo Alejos Flores
@pabloalejosflo
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Óscar Quiroga
@quirogautor
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