Lividez lancinante

Nada entiendo, nada camuflo
en la vertiente del tiempo.
Nada soy en el vasallaje perpetuo
de las palabras sin sentido.
Es ahí cuando me arrebujo
en la calidez      restante
y se estremece el ardor matutino,
                           inconsolable.
Nada poseo, si mis manos están manchadas
                      del polen de la miseria interior.
Nada vive en el recuerdo
si no hay lágrimas de nácar de por medio.

A la madrugada longeva de enero,
aquende del buriel amanecer
                del ayer     de penas,
nada es el umbral
                                que en camino
me alce a la plegaria infinita,
al asombro de rubores y escondrijos,
de dolores
                                                 opalinos.

Nada sirve de consuelo
cuando se marchitan
los anhelos     del presente,
o aun cuando surcan mis sollozos
           los recuerdos,     ya ausentes.
Nada te hace más esclavo
que vivir en el claustro de tu impaciencia,
aquel crisol de rescoldos del lamento,
                      ya ido a mayores selvas.
Nada amarra a mi puerto
si no llega en un velero de amapolas,
si no cae sobre mí
                un manto de lluvia y cuerdas,
y ya nada es,
si yo no soy en consecuencia,
                      con mi respirar.

43 visitas

Una respuesta a «Lividez lancinante»

  1. Ya asoman los sueños
    oliendo la añoranza,
    la canción desempolva
    sus antiguas letras
    de alabastro pintado
    y papel rebujado.
    FELIZ NAVIDAD

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