¿Y qué hago yo aquí, en este sueño,
a la orilla de un lago, contemplando la sinuosa
danza de los cisnes moribundos?
(La vieja muñeca reposa dentro del baúl,
con las cuencas de sus ojos vacías,
cubierta de polvo,
esperando a la niña que se fue
a buscar ese mundo que ya no existe).
En un sueño, dentro de otro sueño,
la luz de una tarde prestada,
unos lirios marchitándose en un vaso…
(En el sótano donde habito,
la música desgasta el perfil de las máscaras,
el terciopelo de otras miradas,
la cadencia de las voces
que yacen en el fondo del lago).
Detrás de la mentira
de las sonrisas fingidas,
del moho esculpido en las facciones demacradas,
hay un paisaje escondido,
indiferente a los adioses inconclusos,
al fervor de las palabras que se hunden en la niebla,
y que nos acoge, piadoso, ajeno al daño y la memoria.



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