Una voz, un eco

En los sonidos del agua me encuentro,
en el danzar sereno de los árboles,
en el rumiante silbido del viento.

De tierra fértil soy camino,
brusco, abatido, imperfecto.
río de abisales escenas, misteriosas,
señaladas en la naturaleza de mi pecho.
Una madre, una espina
clavada en la noche oscura,
una simiente alumbrando el sendero.

Etérea, liviana, me reconozco,
desaparezco y soy presencia.

Renazco.
En la voz melodiosa, canto soy.
En el brillo de los ojos, me veo.

¿Son mis manos el espejismo
del tacto que un día fue?
¿Es la sombra que me envuelve
el fragmento de un recuerdo,
enredado en mis costillas?

El eco de las voces que nos acunaron
mi frente levantada, sujeta
mi futuro murmura, agita
combate toda posibilidad de soledad.

Soy la huella indeleble, el polvo del tiempo,
ígneo horizonte de un amanecer incierto;
soy chispa, llama, brasa, destello.

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