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Snap

Cedric tardó muy poco en terminar con Linda. Después de confirmar que no había pulso, arrastró el cadáver al espacio preparado en el sótano, encendió la motosierra y comenzó a cortarla en pedazos. La sangre manaba como ríos que desembocaban en el sumidero preparado en el centro de la estancia. Su padre, que en paz descanse, no se podría haber imaginado que su hijo adaptaría el salón para preparar los cadáveres de los que luego dispondría de distintas formas: desde quemados hasta devorados por su Doberman, Sansón. La mejor herencia familiar sin duda alguna fue esa casa en la montaña, sin vecinos curiosos ni problemas. 

Mientras cortaba la cabeza de Linda, recordaba la sonrisa de la chica al entrar al restaurante. Ella no dudó en aceptar su oferta de pedir lo que quisiera de la carta, sin importar el precio. Él la invitó a hablar constantemente; sus comentarios se redujeron a halagos sobre su belleza, claramente artificial. Hizo algunas preguntas sobre otros aspectos de su vida, pero desconectaba en esos momentos, aunque conectaba a ratos cuando ella hablaba de sus estudios de marketing y cómo los aplicaba en una marca propia, “mi imagen es mi marca y mi marca es la fuente de mi éxito”, decía la chica de vez en cuando. Él seguía imaginando si la mataría como a las otras o si hoy era el día para innovar. Ya se había aburrido de la aguja con aire, ni hablar ya de provocarles una sobredosis. Aún así, mientras veía fijamente los labios carnosos y rojos de la rubia despampanante moverse sin cesar, no se imaginaba la forma en que la mataría al final: ahorcándola con sus propias manos. 

Cuando llegaron a la cabaña unas horas atrás, entraron besándose. Ella quería otra copa y seguir charlando, pero él le arrancaba las piezas con una sed voraz. Al inicio, ella se dejaba, pero poco a poco se plantaba el miedo en sus ojos. Le insistía en parar, en ir con calma. Ambos sabían que no había forma de volver a la ciudad sin que él la llevase. La arrojó con fuerza en el sofá ya desnuda. El vestido brillante, la chaqueta y demás prendas estaban tiradas a la entrada. Ella le miró con unos ojos de venado.

Cedric reflexiona mientras toma una pausa para limpiarse la sangre de la cara: claro, fueron los ojos. Eran como dos faros azules de coche. Le pusieron tan nervioso que no tuvo otra opción. Quería apagarlos. Le dieron un pavor profundo. No era como las otras víctimas, esta lo juzgaba profundamente, a la vez que rogaba por su vida sin pronunciar palabra. No se dio cuenta del momento en que sus manos rodearon su cuello, pero sí recuerda el torrente de emociones que lo inundó mientras apretaba sin parar y sentía las patadas y rasguños de la chica, atrapada bajo el peso de su cuerpo.

Revivió constantemente la escena mientras iba cortando el cuerpo. Tuvo que tomar unas cuantas pausas para sacarse del cuerpo la excitación que despertaba el recuerdo. Era un método inusual y largo, además de arriesgado, pero se lo pasó tan bien que estaba más que dispuesto a repetirlo. Cuando llegó el amanecer del domingo, decidió revisar las chicas de la app y consiguió hacer match con Nikita946 antes de quedar profundamente dormido. 


Kimberly estaba terriblemente nerviosa cuando cogió el taxi al hospital. Se moría de hambre; le habría dicho al chofer que parara en el Crouch, su cafetería favorita, pero recordaba que debía estar en ayunas justo antes de pedirlo. Apretaba el bolso, revisaba los distintos recibos, papeles y alhajas varias que llevaba. Eventualmente tomó el celular y se puso a mirar Instagram. Como siempre, la primera imagen era una foto de su instagram favorita, Glamyli. La chica aparecía con un despampanante vestido dorado corto, con un escote que resaltaba unos senos grandes y perfectamente redondeados, un abrigo caqui, unas botas blancas hasta las rodillas y un maquillaje impecable que hacía resaltar su melena reluciente y bien cuidada. El fondo era un baño con una decoración impresionante, seguramente de algún restaurante Michelin. 

Su mente se sumió tanto en soñar con la vida de esta chica que ni se enteró de que habían llegado hasta que la palma abierta del taxista apareció por encima de la pantalla. Pagó y salió avergonzada, pero también emocionada. La recepcionista fue sumamente amable con ella, el espacio no podría estar más limpio e incluso la hoja que tuvo que rellenar no era en papel, sino en una tablet. Aunque le apenaba pensar en todo el dinero que estaba gastando en esto, estaba contenta de ver que había elegido una buena clínica. Según rumores, Glamyli también se había operado aquí. Seguro la influencer no se había hecho una liposucción, pero bueno, daba igual. Kimberly saldría más delgada, más tetona y confiaba en que más contenta. 

El doctor salió a saludarla. Él le explicaba un poco el procedimiento y el tiempo aproximado en que la llamarían los de anestesia. Se esforzó en concentrarse, pero no podía evitar mirar al médico sumamente atractivo y carismático, esforzándose en recordar dónde lo había visto antes. La cara le sonaba como la de algún actor. Apenas se fue el médico, volvió a repasar las revistas de farándula y los posts de Glamily por si lo había visto allí, aunque no tuvo suerte. No tuvo tampoco mucho tiempo: en 20 minutos una anestesista la recogió. Se puso la horrible y poco favorecedora ropa de hospital y se subió a la camilla con esperanza de que el doctor no la viese con ese horrible “disfraz”. Por desgracia, él fue lo primero que vio al entrar en quirófano. La sonrisa divertida del doctor al verla sonrojarse no hizo más que ponerla aún más nerviosa, aunque él fue tan dulce que sintió el miedo desvanecerse suavemente de su cuerpo. 

Unos segundos antes de que la anestesia entrase en su torrente sanguíneo, ya más calmada y tranquila, fue recordando distintos hechos de su día anterior y las mil cosas que haría con su cuerpo mejorado; tal vez incluso se teñiría el pelo de rubio para parecerse más a Glamyli, una belleza como la de esa chica triunfa en cualquier ámbito. Al pensar en citas, recordó su último match de anoche, lo cual le hizo abrir los ojos un montón. De ahí es donde había visto al médico. No tuvo tiempo de decir nada, se estaba quedando dormida. De todos modos, en sus últimas conversaciones mentales se autotranquilizó: dudaba mucho que el médico recordase su cara, y aún más que encontrara la conexión entre los nombres Kimberly Welsch y Nikita946.

Sabrina Feliz
justlittlerandomwritings
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Una respuesta a «Snap»

  1. Magnifico. Ese es mi juicio

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