«Me despierto casi todas las noches en medio de pesadillas que me asfixian. Sueño que no estoy aquí, que nunca me he ido del desierto. Que me maltratan, que me quedo ciego por el sol y los golpes. Que me muero. Que me matan».
Sus palabras esclavas resonaron en mi cabeza como si fueran un poema delicado del que solo importaba la sonoridad y no el mensaje. «No sabe leer ni escribir, pero su dolor es poesía», pensé.
Él abrió sus ojos negros y clavó su mirada en mis pensamientos. Pude sentir cómo me reprendía; cómo su alma gritaba: ¿acaso puedes ver quién soy más allá de la forma? Mi mano tomó la suya, y las letras que mi mente había dibujado como versos se transformaron en lo que él realmente necesitaba en aquel momento. Compasión. Presencia. Amor.

Laura Carrillo Palacios
@laia_bonheur
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