Ayer corrí detrás del atardecer.
Se escapaba como todos los días.
Solo alcancé un último rayo in fraganti.
Hoy llegué con tiempo a verlo marcharse.
Contemplar su sonrisa, reluciente.
Sus restos amarillos entre mis cabellos
y flotando sobre el río antes de ahogarse
–o solo desaparecer–.
Verlo partir.
Entrenando para la próxima despedida.
Porque aún no aprendo.
Decirle adiós a tantos atardeceres
y aún mirar a mi costado,
aún guardar espacio para el nexo
de adición:
aquella antigua suma
de su nombre
y el mío.

Celic Rosas
@celic.rosas
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