La muerte en la piel

Desperté de la noche inacabada,
de la voz dolorosa del amor
que en mi pecho abandonó un beso.
Crecí mar a mar hasta la pobreza,
hasta sentir en los ojos a la soledad hiriéndome,
sentir en las manos a las famélicas lunas
de una primavera que se muere en mi canto.
Viví en una casa de azufre masticado,
sin puertas, sin sábana para mis pies, sin alba,
mientras me devoraba el alma una azucena.
Conocí a la envidia y al hambre de mis hermanos
y descendí a la jornada, a la vigilia del albañil
para desenterrar del cemento un pan de cobre,
para ser deshecho por un anhelo de espuma,
para aprender el dulce lenguaje de la sangre,
para morir y renacer día a día por la esperanza.

Adrián Chaurán
@chaurancarvajal
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