—Ugh, mi audioguía no funciona.
—¿En serio? Espera, ahora corro a pedirte una nueva.
—No, espera —me dice Felipe, tocándome con su bastón y agarrándome lo mejor que pudo. —Descríbemelo.
—¿Qué?
—Descríbeme el cuadro, quiero escucharlo de ti.
—Pero, ¿qué dices? Si no soy crítica de arte ni nada.
—No, pero eres mi amiga y confío en ti. Quiero sentir el arte desde tus ojos. Además, estoy cansado de voces metálicas y letras en braille sin corazón.
—B…bueno, si tú dices. A ver, emmm, acá está “El beso”, de Gustav Klimt. Es un cuadro precioso, muy grande y…ay, no sé qué más quieres que te diga.
—Mariana, por favor, relájate. Imagina que no hay nadie. Ya sabes que no puedo verte, menos juzgarte. Quiero que me lo describas como lo harías para ti misma o para tu niña interior. ¿No dijiste que le encantaba pintar?
—Sí, pero…
—No me sirven los “pero”, háblanos, ¿qué ves?
—Hay un fondo amarillo y un risco repleto de flores de colores y un pasto verde. Es todo muy luminoso, como si te llenara de alegría, pero la escena del centro transmite una mezcla de paz y emoción.
—¿Qué hay en el centro, Mariana?
—Hay un hombre, con ropa amarilla con cuadros negros. Es alto, se ve fuerte. Tiene el pelo negro, como rizado y con algunas hojas en el área de la nuca. Hay una mujer, también de amarillo, con flores tiñendo su vestido.
—Ajá, ¿y qué hacen?
—Él la tiene entre sus brazos, sostiene su rostro. Ella está de rodillas, mientras él acerca su boca a la suya. Ella está en paz, serena, feliz y expectante.
—¿Qué te hace sentir?
—Paz, pasión, deseo, amor.
—¿Solo eso?
—Yo…. —Pongo a Felipe de rodillas, lo rodeo con mis brazos y le doy un beso, el beso congelado de Klimt, esta vez con vida, justo en frente del cuadro y de ojos curiosos. Me separo lentamente mientras siento que me ruborizo.
—Pues, ¿qué quieres que te diga? Suena precioso. —me dice Felipe, con una sonrisa radiante en el rostro colorado.

Sabrina Feliz
justlittlerandomwritings
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