Erisictón

Llega un momento en el que uno se da cuenta
de que su incomodidad no se debe al cambio de sofá,
sino a la ausencia de cojines.
Malviviendo

Es tal el dolor que endeble parezco,
es tanta mi añoranza que me muero,
porque he pecado de lisonjero,
porque por ir a verte desfallezco.

Aunque no pueda mi sangre te ofrezco,
aunque sea difícil yo me esmero,
que, si es menester, mi prisión libero,
que cualquier palabra tuya agradezco.

Mientras con esta insatisfacción lidio
siento que soy un amante dispar
condenado al “hambre sin fin” de Ovidio.

Confuso, tocan mis noches sus fines
buscando la forma de conjuntar
mi nuevo sofá y mis viejos cojines.

Denis Beuthner Moreno
@denis.bemo
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